Los zombies ya me están empezando a colapsar, que si series, que si videojuegos, que si Dora la exploradora Zombie Version, que si zombi en vinagre. Esto no estaría mal si no fuera porque pocas veces varía el comportamiento de los no-muertos: gruñir, atacar, comer, gruñir, atacar y volver a comer (a poder ser cerebros).
Así que se agradece que de vez en cuando aparezcan películas como Memorias de un zombie adolescente, con una visión totalmente diferente de la que estamos acostumbrados de los caminantes. Una visión un tanto crepusculiana, sí, pero también más original. Sigue leyendo
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